Cuando pensamos en invertir en nuestro país, dos inevitables opciones surgen primeras en nuestras cabezas: granos/cereales e inmuebles.
En cuanto al presente de la soja, la semana pasada cerró en baja ($1.350 por tonelada) y parece que esta semana continuará la tendencia, la misma que atraviesa la Bolsa de Chicago, que registró también bajas para el maíz y el trigo, consecuencia de las ventas concretadas por los fondos de inversión tras la difusión de algunas medidas adoptadas por el gobierno de china para contener la inflación. En Argentina el precio de la próxima cosecha de soja se negoció a 330 dólares por tonelada (pérdida de 10 dólares).
Respecto al maíz, las ofertas de los exportadores se concentraron sobre la mercadería de la nueva cosecha (pagaron US$ 192 por tonelada, entrega marzo).
Acerca del trigo, el mercado sufre la ausencia de los molinos y los exportadores. Las posiciones marzo y julio del trigo bajaron US$ 1,5, finalizando la rueda con ajustes de 176,5 y 206,5 por tonelada.
Fué el girasol el único que registró una suba de $15, ofreciendo los compradores $ 1.435 por tonelada (Rosario). La mercadería con entrega en marzo cotizó US$ 360 (alza de US$ 5).
Todo este análisis podemos continuarlo con el telón de fondo internacional: La reciente reunión del G-20, signada por la sombra amenazanta de un insurreción de los grandes países emergentes (agroexportadores) que están decididos a rechazar las reglas que pretenden imponer los países industrializados. La reducción de desequilibrios económicos es una de las prioridades de Sarkozy (presidente pro tempore por los próximos 12 meses), y centra su lucha contra la volatilidad de los precios de las materias primas (precios fijos?). Le será difícil convencer a Rusia y a Brasil de que regular los precios de sus materias primas contribuirá a su propio crecimiento: para los europeos la volatibilidad de precios se debe a la especulación, pero para los emergentes (por qué no Argentina) es sinónimo de enriquecimiento.
Para el largo plazo (proyecciones a 2.020) se cree que aumentará el consumo y el comercio global. En ambos casos se beneficia directamente Argentina, por tratarse de un país agroexportador. Para 2.020 las proyecciones ubican el comercio mundial de soja en 120 millones de toneladas con un incremento de 30 millones respecto del nivel actual, y China aumentaría su demanda en el 90% de dicho crecimiento. Argentina seguirá consolidando su principal posición como exportador de aceite y de harina de soja. Las proyecciones muestran una Argentina exportando 40 millones de toneladas de harina de soja y 6,4 millones de toneladas de aceite para 2.020. Estas cifras implican que deberá producir en 2.020 más de 70 millones de toneladas de soja. Es que no existen dudas respecto de la capacidad de nuestro país, “lo que falta es una política de estado para el sector agropecuario” (Pablo Adreani). Esta mañana la presidenta aseguró que la producción de granos va a llegar a 100 millones de toneladas, y agradeció “a la providencia por el buen clima que nos ayudó”. Ojalá que la Providencia también nos ayude iluminando la conciencia de nuestros representantes.
Fuentes:
www.lanación.com.ar
www.ambitoweb.com
Pablo Adreani director de AgriPac Consultores