Ya alertamos sobre la preocupante intromisión del ejecutivo nacional (y porque no también el provincial), concretamanete a la hora de elejir los magistrados. ¿Es acaso la única modalidad que tienen para atentar contra la seguridad júridica?, desde luego que no. Existe una modalidad muy particular, cuya principal característica es la de disfrazar intenciones, es decir, el gobierno dice hacer esfuerzos para que la población tenga facilitado el acceso a la justicia, cuando en realidad sólo da ”parches” carentes de relevancia jurídica. Figúrese como un laberinto sin salida, pero con una entrada muy amplia. En esta segunda entrega particularmente nos referiremos a la llamada “MEDIACIÓN”.
Se que mi planteo podrá ser objeto de críticas (y espero recibirlas si persisten luego de mi exposición), el tema es muy delicado y no permite medias tintas.
Me ahorrare las definiciones y la introducción histórica sobre lo que entendemos por Mediación. Les propongo que abarquemos el tema como una generalidad, para descubrir cúal es la intención que dan los que proponen esta metodología alterna de resolución de conflictos, y cual es la intención real, y sus consecuencias.
Los que pugna por la Mediación y la reciben como una bendición del Cielo, aseguran que el sistema judicial, tanto de la Nación como de las Provincias está colapsado. La solución que ellos dan desviaría los casos de menor y media importancia hacia los “tribunales” alternativos, descomprimiendo los juzgados (y a sus correlativos y “beneméritos” empleados). Además aducen que habrá mayor rapidez en las soluciones a estos problemas menores.
Cierto es que el sistema judicial está colapsado y es urgente su reforma, pero amigos, no creo que eso sea un remedio para la enfermedad, todo lo contrario. Escuchar propuestas como la tan mentada Mediación mas bien es un síntoma de la enfermedad. A toda costa quiere quitarsele importancia al Poder Judicial, robándole a la ciudadanía su derecho a una Sentencia justa (no nos olvidemos que la sentencia constitucionalmente es un derecho de propiedad privada para las partes), y con poder de facto, con toda la formalidad que ella importa y que la sociedad requiere para conocer y desenvolverse en una vida diaria que clama por reglas claras.
Las alternativas que buscan reemplazar a los tribunales, sólo pueden ofrecer alternativas a las sentencias. No discutamos la rapidez, porque son categorías diferentes. Aumentemos los jueces, disminuyamos los plazos y las “chicanas”, aprovechemos la tecnología, oralizemos algunos procesos, instruyamos a la población, ect. (uds. pueden aportar otras). No son negociables los derechos de la ciudadanía, no nos debemos dejar llevar por soluciones de corto plazo y que no atacan el fondo de la cuestión. No seamos presa de aquéllos “vendedores de elixir”que disfrazan intenciones para beneficio propio.
Por Roque Cornejo
Escrito por showbusiness
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